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O’Shaughnessy, el científico que introdujo el cannabis en la medicina occidental

2018-05-29T08:17:35+00:00 mayo 29th, 2018|Ciencia y cannabinoides|0 Comments

El cannabis ha acompañado al ser humano desde los inicios de la humanidad. Pasó de ser considerado una planta ancestral a ser una de las mejores medicinas para las tribus indígenas. William Brooke O’Shaughnessy, médico irlandés, lo descubrió en India con 24 años y se quedó impresionado con sus beneficios. Y así es como el cannabis entró en el mundo occidental.

Multitud de hipótesis apuntan a que el cannabis proviene originalmente de Asia. Y en ese misterioso continente es donde el médico irlandés descubrió esta milagrosa planta. Y es que, aunque la marihuana llevaba consumiéndose durante siglos en el continente asiático, era todo un desconocido para los países occidentales.

O’Shaughnessy estudió medicina en la Universidad Trinity de Dublín, y luego se trasladó a la de Edimburgo para seguir aprendiendo esta profesión en una de las universidades de referencia a nivel mundial en esa época.

Cuando finalizó sus estudios, se mudó a Londres, donde no pudo encontrar un trabajo estable. Fue entonces cuando, sin él saberlo todavía, comenzaría una aventura de descubrimientos que le llevaría a formar parte de la historia de la medicina a nivel mundial.

Era 1833 cuando aceptó una oferta de trabajo en Calcuta como asistente de cirujano, con una famosa empresa británica llamada East India Company, que más tarde gobernaría gran parte del subcontinente indio.

En aquel momento, O’Shaughnessy tenía tan solo 24 años, y fue uno de los miles de jóvenes cerebros que se fugaron a India para trabajar. El irlandés estuvo ocho años en Calcuta trabajando como médico mientras investigaba las propiedades de multitud de plantas autóctonas, entre las que se encontraba el opio y la marihuana.

El doctor vio como los nativos de la India llevaban utilizando durante siglos éstas y otras plantas tanto con fines medicinales como recreativos. Sin embargo, en los libros de medicina occidentales de la época no había ningún tipo de información sobre estas especies.

En 1839, seis años después de comenzar su aventura por la India, O’Shaughnessy publicó su primer estudio sobre el cannabis en la revista científica Journal of the Asiatic Society of Bengal. En él aseguro que había sido “incapaza de ubicar referencias del uso de esta sustancia en Europa´´.

Por aquel entonces, el irlandés ya había comenzado a recolectar todo tipo de apuntes sobre los diferentes tipos de cannabis así como de sus productos derivados. También escribió sobre la preparación de remedios sólidos y líquidos por parte de la población local. O’Shaughnessy también tuvo tiempo de comprobar los variados y curiosos efectos de esta planta.

Toda esa información fue publicada en el artículo Sobre las preparaciones del cannabis indio o gunjah. El médico también tomó nota sobre cómo los indígenas lo utilizaban socialmente. O’Shaughnessy, aseguró que la marihuana era consumida por ‘“todo tipo de personas´´.

Y tras probar esta maravillosa planta, quiso anotar los efectos “fascinantes´´ que producía, entre los que destacó la “felicidad eufórica, la sensación de volar, un apetito voraz y un intenso deseo afrodisíaco´´.

O'Shaughnessy

Dibujo de una planta de marihuana que apareció en el artículo de O’Shaughnessy en la revista Journal of the Asiatic Society of Bengal de 1839. (Dominio público).

Explorando los efectos del cannabis

Cuando llegó a Calcuta, O’Shaughnessy comenzó a investigar sobre los efectos de la marihuana. Para ello, realizó un riguroso registro de su investigación, citando a numerosas fuentes. Realizó experimentos con ratas, conejos, gatos, perros, caballos, monos e incluso cuervos, buitres y peces. Fue entonces cuando descubrió que los efectos variaban dependiendo de la especie.

Por ejemplo, explicó que tras darle a un perro diez gramos de Churrus Nepalés disuelto en alcohol, el animal se volvió estúpido, quedándose adormecido. “Su cara asumió el aspecto de una borrachera total y absoluta´´, explicó el médico, que confirmó que el efecto duró unas dos horas y después desapareció gradualmente. A las seis horas, el perro volvía a estar perfectamente.

Tras confirmar que el uso de la marihuana era seguro, O’Shaughnessy comenzó a experimentar con personas, tanto niños como adultos. En el hospital de Calcuta, sus “conejos de indias´´ eran enfermos de cólera, rabia, tétanos, reumatismo y convulsiones.

El cannabis no tuvo ningún efecto contra los pacientes que padecían cólera o reumatismo, pero sí fue muy efectivo para tratar otros muchos síntomas. El médico irlandés escribió que la marihuana calmaba y aliviaba el dolor de determinadas enfermedades, y también atenuaba los espasmos musculares que causaban las enfermedades de la rabia o el tétanos.

O’Shaughnessy escribió que el cannabis “le quitaba los horrores a la enfermedad´´, aunque no la hiciera menos letal. Incluso comprobó que la marihuana podía prevenir las convulsiones de un niño recién nacido de poco más de un mes de edad. Tras el éxito de este último experimento, escribió; “la profesión ha ganado un remedio anticonvulsivo de gran valor´´.

Fue entonces cuando el irlandés propuso el uso del cannabis como medicina, especialmente como analgésico. Esa misma idea la defendió en la Sociedad Médica y Física de Calcuta, ante un grupo de estudiantes y académicos.

La tesis causó furor en la Inglaterra colonial, que rápidamente se extendió por toda Europa y Estados Unidos. Esa hipótesis fue el comienzo de la introducción ‘formal’ del cannabis a la medicina occidental.

En 1841, O’Shaughnessy volvió a Inglaterra, donde llevó multitud de muestras de cannabis, tanto en su versión original como en forma de resina, que presentó en la Royal Pharmaceutical Society y los Royal Botanical Gardens de Kew, en Londres.

Muchos investigadores europeos y norteamericanos comenzaron a experimentar con la marihuana para el tratamiento de todo tipo de enfermedades, mientras O’Shaughnessy predicaba su descubrimiento como una medicina “milagrosa´´.

Mientras, los médicos intentaban descubrir y aislar el ingrediente activo del cannabis, hito que no sucedió hasta mediados de la década de 1960, casi un siglo después, cuando el científico israelí Rafael Mechoulam descubrió el THC.

Fue en la mitad del siglo XIX cuando los químicos comenzaron a producir remedios, muchos de ellos basados en las recetas de O’Shaughnessy, como soluciones de cannabis y extractos, que se hicieron muy populares hasta finales de siglo.

Con la entrada del nuevo siglo, occidente comenzó a dejar de utilizar el cannabis como remedio, debido a las dificultades para producir un resultado estable a partir de diferentes lotes de la sustancia, debido a que la potencia de la misma variaba mucho de unas muestras a otras.

O'Shaughnessy

Shiva ofrece cannabis a uno de sus fieles.

El auge del prohibicionismo y la decadencia del cannabis

A partir de los años 30, se comenzó a restringir el uso de la marihuana. En el 37 se prohibió su venta en Estados Unidos, pioneros en políticas antidrogas. En el 42, se retiró de la enciclopedia farmacológica y a partir de los años 50 se comenzó a multar a los usuarios por posesión.

Los demás países tomaron ejemplo de EE.UU y comenzaron a aplicar políticas similares. Fue entonces cuando empezó la persecución de consumidores y cultivadores en todo el mundo.

Hoy en día esas políticas prohibicionistas continúan vigentes en muchos países del mundo. A pesar de los posteriores descubrimientos que aseguraron, -aun más,- la eficacia del cannabis, y posibilitaron la fabricación de medicamentos estables con sus derivados, el mundo se negó a volver a aceptarlo en la medicina hasta hace algunos años, cuando Uruguay decidió volver a despenalizarlo.

En cuanto a O’Shaughnessy, tras el aplastante éxito de su tesis sobre el potencial medicinal del cannabis, el médico se convirtió en ingeniero eléctrico, donde continuó haciendo grandes aportaciones al progreso.

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