Durante miles de años el cannabis fue una planta utilizada en todo el mundo con infinidad de usos. Entonces ¿por qué ahora la marihuana es ilegal? ¿Para qué sirve la prohibición del cannabis? ¿Realmente se ha conseguido reducir su consumo?

Hoy trataremos de despejar las respuestas a algunas de estas preguntas con algunos datos, aunque si sirve de algo que la marihuana sea ilegal o no, es una conclusión que dejamos a criterio de cada uno.

¿Por qué se ilegalizó la marihuana?

Aunque hoy en día la prohibición de la marihuana es la estrategia dominante en la mayor parte de países y está totalmente normalizada por gran parte de la población, el prohibicionismo tiene, en realidad, poco más de cien años de historia.

La primera ley prohibicionista de la marihuana se hizo en Estados Unidos y despertó gran suspicacia entre la comunidad científica, ya que muchos consideraron que era moralista y se fundamentaba en argumentos alejados de la evidencia científica.

A principios del siglo XX en California comenzó a asociarse fumar marihuana con la inmigración mexicana y, a su vez, se asociaba la inmigración con “conductas delictivas”. En 1913 este estado aplicó la primera ley prohibicionista y pronto fueron sumándose otros estados.

Distintos autores consideraron las primeras políticas prohibicionistas “xenófobas y clasistas”[1], ya que el consumo de sustancias se asociaba a distintos grupos de inmigrantes pobres como los mexicanos (marihuana) o los negros (cocaína). Al derogarse la Ley Seca en Estados Unidos, el alcohol dejó de ser el enemigo público número 1 y se puso el foco en otras sustancias ligadas a poblaciones estigmatizadas.

En otros países, como Argentina, se han dado situaciones similares, donde en el siglo XIX fumar marihuana era considerado “cosa de negros”, precisamente porque fue esa población la que introdujo el consumo de cannabis fumado desde Brasil.

En 1961, 185 países firmaron un acuerdo sobre estupefacientes en el que ilegalizaron, entre otros, el cannabis en todas sus formas (incluso en un inicio el cáñamo industrial). De esta forma la marihuana pasó a ser ilegal en casi cualquier rincón del planeta.

¿Cómo afecta el prohibicionismo al consumo de marihuana?

Los informes y estadísticas alrededor del mundo apuntan a que la estrategia prohibicionista para frenar el consumo de marihuana, con políticas restrictivas y punitivas, ha agravado consecuencias como el consumo entre adolescentes, la violencia relacionada con el narcotráfico y el hacinamiento penitenciario en determinados países.

Según un informe elaborado por ONUDD, aproximadamente el 5% de la población mundial consumió alguna droga ilegal durante el año 2010, del cual cerca del 80% fueron consumidores de marihuana.

Sin embargo, parece que la droga que más mata es legal[2]. Los opiáceos -que se venden con receta médica- fueron responsables de tres de cada cuatro muertes por consumo de sustancias psicoactivas en el mundo, según el informe mundial sobre drogas 2018 de la UNODC.

La marihuana, aún con los efectos secundarios que pueda conllevar, presenta una mortalidad muchísimo menor que otras drogas, incluso legales. Por ejemplo, el alcohol es la causa de más de 2 millones de muertes anuales en el mundo y el factor de riesgo principal de más de 60 tipos de enfermedades y lesiones.[3] En cambio, no se ha reportado ningún caso de muerte por una sobredosis de marihuana únicamente.[4]

Otro argumento común entre quienes se posicionan contra la legalización de la marihuana es que ésta es la “puerta de entrada” a otras drogas. Generalmente el consumo de alcohol y tabaco antecede al consumo de marihuana, así como ésta antecede a drogas más fuertes como la cocaína. Sin embargo, la mayor parte consumidores de drogas “suaves” nunca llega a consumir drogas “duras”. Según los estudios[5], el 56,3% de los consumidores de marihuana no han probado nunca otra sustancia ilegal

Además, las propias medidas prohibicionistas en contra de la marihuana podrían agravar esta situación. Muchos dejarían de tener acceso a drogas más duras si compraran la marihuana directamente en un dispensario, eliminando de la ecuación el contacto con traficantes; puesto que mientras se trate de una droga ilegal las mismas bandas que trafican con marihuana serán a menudo las que vendan otras drogas.

Por otra parte, la ilegalización de la marihuana conlleva una sobrecarga de los sistemas judiciales y penitenciarios, generando además un gran gasto fiscal. Como la regulación de la marihuana en muchos países no hace distinción entre quienes las venden en la calle, quienes comparten con sus amigos y quienes pertenecen a grandes redes de narcotráfico, muchas personas terminan condenadas a penas máximas o en prisión por delitos menores.

A pesar de las políticas prohibicionistas y restrictivas, el consumo de marihuana en el mundo continúa, pero oculto, desinformado y de la peor forma.

Un informe del año 2015 realizado por el Ministerio de Sanidad analizó el aumento del consumo de marihuana en España[6]. En 1995 el 14,5% de la población adulta había probado el cannabis alguna vez en su vida, mientras que en el año 2013, esta cifra se multiplicaba hasta un 30%. Por lo tanto, a pesar de las medidas prohibicionistas el consumo no ha dejado de aumentar en España durante las dos últimas décadas.

En el mismo estudio se observó también que el consumo de cannabis a diario era sólo de un 20% dentro del conjunto de consumidores, lo que sugiere que es menos adictivo que otras drogas, como el tabaco.

Con todos estos datos, se podría decir que la prohibición de la marihuana se encuentra cada vez más lejos de conseguir su propósito de disminuir el consumo y tráfico de la marihuana.

También se puede observar en el sentido contrario en casos como el estado de Colorado, donde la venta recreativa de marihuana se legalizó en 2014. Un informe estatal de 2019[7] no mostraba ningún aumento en el número de jóvenes que fuman marihuana desde su legalización, mientras que los delitos menores relacionados con la marihuana habían disminuido considerablemente.

¿Cuál es el futuro de la regulación de la marihuana en el mundo?

En los últimos años se ha empezado a cuestionar el modelo prohibicionista y países como Uruguay o México, junto a estados como Colorado, California y recientemente Nueva York, han legalizado la marihuana.

El prohibicionismo está siendo criticado también por los daños colaterales que la persecución contra la marihuana produce en las poblaciones más vulnerables, que con frecuencia son las que más sufren las consecuencias del narcotráfico.

Distintos países alrededor del mundo están explorando ya medidas alternativas a la prohibición de la marihuana, como el autocultivo, la existencia de clubes y asociaciones cannábicas o la legalización de la marihuana para uso terapéutico.

De hecho, tras más de 50 años de prohibición tajante, la ONU reconoció oficialmente el pasado diciembre las propiedades medicinales de la marihuana y la retiró de la lista de las sustancias más perjudiciales.

Tampoco podemos olvidar que la legalización de la marihuana abriría un nuevo mercado con importantes beneficios económicos tanto para las empresas como para las instituciones.

Aparentemente, una nueva regulación predominante a nivel mundial de la producción, consumo y venta de marihuana contribuiría a un uso más responsable, a la disminución del crimen organizado y a la reducción de la economía sumergida.